Make Your Sales Easier nace de cuarenta años de oficio comercial. Cada decisión que contiene procede de vender a empresas, todos los días, durante cuatro décadas.
«Cuarenta años vendiendo. Esta aplicación se ocupa de la parte del trabajo para la que nunca había tiempo.»
Nuestro origen está en el oficio comercial: cuarenta años vendiendo a empresas en dos continentes y en media docena de sectores —alimentación, servicios financieros, tecnología, vivienda, embalaje y distribución—. Cuatro décadas de visitas a responsables de compras, de preparar ofertas fuera de horario y de volver a llamar a los quince días. Y de aprender lo que no figura en ningún manual: que el cliente casi nunca se pierde por precio, sino porque un día se dejó de aparecer.
En cuarenta años cambian muchas cosas. El fax dio paso al correo, el catálogo impreso al PDF y la agenda de papel a la hoja de cálculo. Pero hay algo que no ha cambiado: la jornada comercial se la llevan los pedidos del día, las incidencias de la víspera y el teléfono, y la tarea que de verdad hace crecer una empresa —dirigirse a quien todavía no la conoce— queda siempre para el final. Y el final de la jornada no llega nunca.
Make Your Sales Easier nació de ahí, y nació para uso propio. La primera versión era una herramienta modesta que redactaba correos de captación para no partir siempre de la hoja en blanco. Funcionó, y se le fue exigiendo más: que leyera las respuestas y determinara qué planteaba cada interlocutor; que lo consignara en la base de datos de siempre; que advirtiera de qué cliente llevaba dos meses sin cursar pedido.
Hoy, después de decenas de versiones, es lo primero que se abre cada mañana. Y sigue desarrollándose con el mismo criterio: cada función responde a un problema surgido en el trabajo real, no a una idea sobre el papel.
No vendemos un archivo y desaparecemos. La implantación la realizamos nosotros: instalación, configuración, ajuste del registro con correos reales de su empresa, plantillas de su sector y carga de su base de clientes. Cuando terminamos, el programa ya escribe como escribe su empresa.
Cuarenta años vendiendo,
y siempre el mismo problema
Conservas, banca, aduanas, informática, vivienda y embalaje. En dos continentes y en sectores que no se parecen en nada. Y en todos, la misma pared: llegar a quien todavía no le conoce, y volver a quien ya le compró.
Empieza en el departamento comercial de la empresa familiar, en Arroyo Dulce (Buenos Aires): del campo a la lata. Vende a distribuidores y a supermercados compitiendo contra multinacionales con la gama entera. Entra en Carrefour y en Supermercados Norte.
Convenio con la empresa primero y, después, uno a uno con cada empleado. Vender algo invisible a quien no lo ha pedido.
Monta su propia compañía. Trae al mercado un servicio de información aduanera en tiempo real —partidas arancelarias, precio e importador— para todos los importadores del país, e implanta software y hardware como reseller certificado de Microsoft, HP y Sun Systems. Acaba vendiendo la empresa.
Una de las constructoras y promotoras más grandes de Europa. Una promoción de 130 millones de euros en plena montaña. Vende más de doscientas propiedades en unos pocos años.
Tras la crisis cambia de sector. El más ingrato de todos: márgenes estrechos, muchísima gestión y un mercado tan atomizado que cuesta hasta saber quién es cliente.
La pandemia se lleva por delante la visita y la feria: de un día para otro, todo pasa a hacerse por correo. Más contactos que atender, más respuestas que contestar y el mismo día de siempre. Ahí deja de improvisar y se monta un método para prospectar, contestar y no perder de vista a nadie.
Lo que empezó como una manera de organizarse acaba siendo una aplicación. Y por eso el programa entiende de conservas, de banca, de despachos y de inmuebles: porque ha vendido en casi todos ellos.
Están escritos dentro del programa, no en un folleto.
Ningún correo sale sin que una persona lo lea y lo envíe. Ninguna línea entra en su base de datos sin haber comprobado que ese correo salió realmente.
Su cartera de clientes es su activo más valioso. Permanece en su ordenador, en su Excel. Nosotros no la vemos ni la almacenamos.
No existe un correo estándar que sirva para todos. El programa se ajusta a su registro, su sector y su manera de tratar al cliente.
Si algo falla, hay un teléfono y una persona que conoce su instalación. No hay tiques ni centralitas.
Preferimos decirlo ahora antes que descubrirlo dentro de un mes.
No sustituye a su programa de facturación ni le lleva la contabilidad. Se dedica a una sola cosa: que hable con más empresas.
Le quita el trabajo de redactar y de perseguir, que es donde se va la jornada. Vender lo sigue haciendo su equipo.
Es una herramienta. Bien empleada multiplica el alcance; mal empleada, envía correos deficientes más deprisa. Por eso la implantación la realizamos nosotros.